Equidistancia
Tras dos años vuelvo a exponer en la Sala Parés, mi galería de Barcelona. Revisando el trabajo de hoy y el de entonces parece a simple vista que nada ha cambiado, pero todo ha cambiado. Sigo merodeando la realidad como entonces con las mismas intenciones pero con diferentes matices.
Hasta el 28 de noviembre podréis encontrar en la exposición el resultado de una búsqueda que no encuentra nada pero deja el rastro de lo transitado, con hullas que a veces se tornan bodegaones, otras paisajes o rostros.
Os dejo el texto que acompaña a la exposición.
CAVAR EN LO REAL
Sin duda soy un pintor contemplativo. La llamada de la luz y el color es el germen que inicia mi trabajo pero percibo pronto que no debo contentarme con arañar la superficie visual y estética del mundo que aspiro retratar. Mas debo intentar, por lo menos, profundizar en el mundo secreto de las cosas y subyugar un trabajo hábil a uno cargado de significado.
Dispongo sobre la mesa los objetos, individuales o en grupo (incluso los paisajes) como si fueran personajes centrales, con equilibrios de distancias equidistantes y siempre acechados por el mundo exterior.
Enseguida lo presente se carga de significados, de aire, incluso de experiencia genética. Miro y huelo esos alimentos y la objetividad desaparece. Me inundo de sentimientos encontrados, la dignidad de ser alimento contrasta con la visión grotesca de quien lo engulle y me pregunto cómo pintar ese equilibrio. No hay repuesta, sólo la satisfacción de haber sido participe de lo vivido, de haber perseverado escarbando en lo real.
«Tengo que seguir trabajando, no para llegar al producto acabado, lo cual provoca la admiración de los imbéciles. Y esto que vulgarmente tanto se aprecia no es más que lo que hace un obrero y que torna la obra resultante antiartística, común. No debo pretender completar más que por el placer de hacer una obra más verdadera y sabia”
(Paul Cézanne, Correspondencia)